Somos perversos, porque somos terriblemente conscientes, porque tenemos miedo de decir la verdad a los otros. No perdonamos nunca a los demás, porque sabemos que nosotros mismos somos falibles. La conservación de nuestra conciencia se basa en pánico a comunicar la verdad al prójimo. nos refugiamos en el orgullo, nos asusta confesarnos la verdad a nosotros mismo. ¿Cómo se puede tomar al mundo en serio, siendo el mundo tan ridículo?
Pag. 53. Kakuzo Okakura. El libro del té: traducción de Ángel Samblancat. Barcelona,
4ª edición, Ed. Kairós. Abril 2005. ISBNE: 84-7245-236-0
Assinar:
Postar comentários (Atom)
Nenhum comentário:
Postar um comentário